ALGODONES
Una pelea más constituye ausencia de afecto durante 24 horas. Menos 45 besos, 15 abrazos que desaparecen, una reducción en la factura mensual del recibo telefónico. Una pelea más representa un día triste, suspiros por doquier. Penas pesares y la perdida del apetito.
-Eres una engreída de mierda, exclamé furioso-. Traté por todos los medios de no mirarle a los ojos, pues iba a pedirle disculpas, pero no. Yo estaba molesto y con toda razón. Me di la vuelta y, a paso ligero fui a casa. Quise voltear y correr hacia ella, debía ir a buscarla en ese momento pero no lo hice me contuve y caminé en silencio.
El domingo fuimos de paseo al zoológico. A la venida y, antes de llegar a casa decidimos comer en un restaurante aledaño. Un insignificante problema pronto se convierte en una gran discusión. Acaso nos hemos puesto a pensar que los seres humanos discutimos por cosas tontas. Sería cuestión que lo analicemos si todavía no lo hicimos. Yo, moría de hambre. Sé que Pilar también. El mozo dejo nuestros platos, -come, le dije-. Termine de cenar y ella no toco su plato, habíamos caminado tanto en el zoológico, estábamos sin almorzar. Eran más de las ocho de la noche. Guarde silencio y salimos sin mencionar palabra alguna.
Lo nuestro fue siempre una relación diferente. Antes de comenzar ya lo vivíamos distinto al resto parejas:
La conocí en el trabajo, aunque dicen que jamás debemos de tener una relación sentimental con alguien del trabajo. Yo lo hice con ella. Me gustaba mucho su compañía pero fingía que su presencia me incomodaba, eso creaba entre los dos un clima de hostigamiento. Pilar tiene unos zapatos que cuando los llevaba puestos al trabajo juro que el amor que le tenía moría por completo hasta el siguiente día. ¿Acaso hay algún caso en el mundo como el mío? Unos simples y horribles zapatos pueden matar los sentimientos.
En el taxi, a pocas cuadras de su casa, -quieres estar conmigo-, le dije una tarde de febrero. Y la abracé con rápidamente pues habíamos llegado a casa. Los primeros meses fueron de infarto, discutíamos todo el día, yo la celaba, Pilar me miraba y se molestaba; en el fondo nos amábamos desde antes de conocernos, ahora estoy seguro que lo nuestro estaba predestinado.
Ella se preparó con sus antiguos novios para estar lista y recibirme adueñándose de mi amor y, yo vivía sin rumbo hasta que me dio la brújula para no perderme y encontrar cariño en su pecho.
Después de gritarle furioso en la calle, no la llamé durante tres días seguidos. Necesitaba una estrategia para llamarla y pedirle perdón por lo ocurrido días antes, pero mi orgullo me lo impedía, además si ella hubiera estado triste por mí, repito nuevamente que Pilar tuvo la culpa de la discusión, me hubiese llamado si me extrañaba, algo que jamás sucedió. Pero bueno, siempre soy yo el que da su brazo a torcer.
Inventé un pretexto, me armé de valor y respiré hondo.
-Aló Pilar, -Dije nervioso-.
Después de conversar y limar nuestra riña, le corte diciendo que la iba a volver a llamar.
Cogí el teléfono y la llamé nuevamente.
-Pilar escucha, -por favor-. Continúe.
Puse nuestra canción en la portátil y escuchábamos juntos por el teléfono ella comenzó a llorar. La sentí una mujer frágil, los sollozos se podían oír con claridad, quería estar a su lado ese momento, abrazarla y decirle cuanto la necesitaba, cuanto la amaba. Porque duele verla lejos de mi lado, con otra gente. Tendré que hacer algo para que pronto viva a mi lado.
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